domingo, 4 de diciembre de 2011

Jugar
Jugar a flor de piel. Jugar con las manos. Jugar con música. Jugar a gritos. Jugar riendo. Jugar ladrando. Jugar antes los políticos y la familia.
Pasaje inmediato al mundo de la imaginación. Llenarnos el cuerpo, el alma, de barro y de juego.
Jugar con el corazón, con la inocencia de un niño. Jugar con un papel, transformarlo en veinte segundos en treinta cosas distintas.
Jugar como un perro y como un gato, si no hay nada más real, cierto, que éstos jugando.
Jugar todo y a todo, pero hacerlo bien. Jugar bañándote. Jugar a los amantes, al amor.
Jugar sin jugar. Jugar sin querer, todo el tiempo. Jugar con gracia, bajo un techo. Jugar con ritmo, por instinto. Jugar sin ver, en la oscuridad.
Abrir la mente y dejar entrar ese Principito que nunca hay que dejar ir. Jugar porque sí.
Jugar durmiendo. Jugar haciendo el amor. Jugar con los labios. Jugar intensamente con la mirada. Jugar con odio y con amor. Jugar por alegría y por bronca.
Jugar con un moco y también con un chicle.
Jugar, jugar y jugar, reír y jugar.

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